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Ramón Rocha Monrroy: En memoria de Filemón

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Quisiera recordar de él tres momentos que me tocó vivir y ser testigo. Hay una fotografía en sus memorias “De la revolución al pachakuti”, donde estamos sentados frente a su habitación en Siglo XX y detrás están Pancho Ardaya y Pilar Crespo, que nos acompañaron en una entrevista inolvidable en ese anfiteatro interminable que es Siglo XX, Catavi y Uncía. Filemón no era dirigente sindical y regresó a interior mina. Por eso vivía en un cuarto destinado a los trabajadores y allí relató la historia de ese centro minero con su cálida voz y su información oportuna. Recuerdo que editamos su voz con imágenes y entonces salió, entre otras, la tumba de César Lora, que no tiene cruz sino una estrella, un rayo y algún otro símbolo. Lamentablemente ese programa se perdió en la Televisión Universitaria de Cochabamba. En cámaras estaba Roberto Alem.

Era 1986 cuando la “relocalización” y cierre de COMIBOL era un hecho, y Filemón se aprestaba a irse al Chapare. Lamentaba que COMIBOL se hubiera cerrado por culpa del neoliberalismo, que introdujo en el país Víctor Paz con sus “ajustes estructurales” y su Decreto 21060, porque los centros mineros permitían tener concentrado al proletariado y desarrollar su conciencia de clase. Por eso propició el traslado de mineros al Chapare, para concentrarlos nuevamente y proseguir con su tarea. Con el tiempo, la sociedad del Trópico de Cochabamba albergó no sólo a ex mineros, pero si hoy es un núcleo duro de la resistencia contra el neoliberalismo y el apoyo al proceso de cambio pro la vía de las urnas, no de las armas, se debe entre otros a estos esfuerzos.

Entre 1993 y 1994 yo fui notario de fe pública y entonces me visitó Filemón junto a otros dirigentes campesinos porque querían fundar el IPSP (Instrumento para la Soberanía de los Pueblos) y necesitaban registrar militantes en libros con intervención de Notario. Hicimos las actas de apertura y sellamos las páginas, pero la Corte Electoral adujo que los nombres de militantes no eran correctos y rechazó el trámite. Vino entonces David Añez Pedraza, quien tenía registrado el partido Movimiento al Socialismo (MAS) y regaló la sigla. Añez Pedraza era del ala izquierda de Falange, la misma que dio militantes al Partido Socialista de Marcelo Quiroga y recogió la integridad moral de dicho partido, aunque no su orientación derechista por los intereses que defendía. Así se conformó el MAS-IPSP.

Semanas después me visitó Filemón y propuso un café en la planta baja del Hotel Bolívar. Me preguntó cuánto me debían y le dije que ellos eran compañeros y yo sabía a quién cobrar, que jamás lo haría con ellos porque Dios me castigaría. Me miró sonriente y me dijo que yo era mirista, pero de los más cojudos. Agregó que yo no tenía plata y en cambio ellos sí la tenían. Así que me pasó un envoltorio bajo la mesa y me instó a que lo agarrara con unas palabrotas muy típicas de él. Le dije que por lo menos me dejara pagar los cafés y aceptó. Eran como mil pesos, bastante menos de lo que debía cobrar, pero lo acepté.

Nunca fui de los varios partidos que fundó Filipo, a quien conocí cuando le decíamos Don Lucho y era profesor del Juan XXIII en tiempos de la dictadura de Banzer. Pero en todo momento me distinguió con su amistad, cosa que valoro en términos que al final se impusieron.
Su esposa me invitó alguna vez a que lo visitara, pero no pude hacerlo. Conozco a uno de sus hijos. A ellos, toda mi solidaridad y mis condolencias.

* Ramón Rocha Monroy, es escritor y periodista cochabambino

 

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